12 noviembre 2007

Para muestra basta UN BOTÓN



Quizás porque -aunque era chica- viví la dictadura en la Argentina, quizás porque así me criaron, quizás así porque sí, pero todo lo que tenga que ver con delatar me pone la piel de gallina. No bien llegué a Melbourne y empecé a trabajar como docente en el cole, una de las cosas que más me sacaba de mis casillas era que los alumnitos me dijeron "Morá Daniela, fulanito está comiendo en clase"... "Morá Daniela, menganito no está prestando atención" y así varios por día, dale que te dale. No pasaba una clase sin que alguno de los alumnos delatara a un compañero por estar haciendo algo "contra la ley". Y yo, para enorme sorpresa de los niños, en vez de enojarme con el infractor me la agarraba con el delator, y le daba una filípica que duraba lo que la clase, explicándole cosas tales como la solidaridad, la amistad, el compinchismo, etc. Con el tiempo me di cuenta de que era una cuestión cultural: Australia fomenta la delación. La acusación, la denuncia. La mandada al frente, bah. Botonear, lo que se dice. A modo de ejemplo: hay aquí publicidades del gobierno que instan a delatar a un vecino que esté usando agua contra lo establecido por las restricciones municipales (por ejemplo lavando el auto, llenando su pileta, regando su jardín fuera de horario). Y la insistencia es intensa, con el perdón de la rima. Tal es así que hace dos semanas ocurrió lo siguiente:
Un vecino estaba regando su pequeño jardín. Un cantero nomás. Regaba y silbaba, regaba y silbaba. Pasó un señor cualquiera por la calle y lo increpó: "que qué hacés regando, estás violando las restricciones municipales, te voy a denunciar, etc., etc., etc.". El vecino de la manguera replicó que no, y que además no era asunto suyo. La discusión subió de tono un poquito. El vecino regador le dio un manguerazo al otro. Lo mojó. El otro se enfureció, cruzó el cantero, le dio un empujón al regador. El vecino regador se puso nervioso. Tuvo un ataque cardíaco. Se murió.
A mí me puso los pelos de punta cuando lo leí en las noticias. (Para peor, resultó ser que como era miércoles el vecino regador no estaba infringiendo norma alguna porque los miércoles, en su vereda, el riego está permitido. El delator estaba equivocado.). Entiendo, de todos modos, que el tema da para discusión, y que permite matices. Acá hay teléfonos a los que te incitan a llamar si vez a alguien tirnado basura en la calle, dejando la caca del perro, o, lo que está más de moda: algún sospechoso de terrorista. Bien, sé que el tema da para opinar para ambos lados. Pero lo que quiero explicar es cómo el nivel de fomentación de la denuncia genera entre la gente una desconfianza y una distancia que, a su vez, genera desinterés y falta de solidaridad (por miedo, y no por falta de bondad). Y desencadena en actos sociales absolutamente bizarros. Les cuento una:
Cuando quedé embarazada de Henry empecé a frecuentar un sitio web sobre embarazo y crianza cuyo contenido fundamental son los foros de discusión. Vos te registrás con un nombre de usuario, tenés tu clave y opinás. Los usuarios se agrupan por temas de interés: las embarazadas jóvenes forman grupos, las de más de 40 otro, las que están amamantando otro, las de mellizos otro, etc. El sitio tiene más de cien mil usuarios registrados y es uno de los foros de discusión sobre embarazo y maternidad con más tráfico en la red. ¡¡Hete aquí que ayer veo que uno de los posts figuraba como leído más de nueve mil veces!! Qué será, me pregunté. El título decía algo así como "Mensaje abierto para aquellos que están preocupados". En resumen: esta usuaria había comentado en uno de los post, dentro de su grupo de pertenencia, que a veces dejaba a su hijita de dos años sola en la habitación por dos horas jugando, porque ella está embarazada del segundo y agotada, y aprovecha mientras la nena juega y se tira a descansar un rato en el sillón. No suena tan terrible, ¿no? Bueno.... las demás usuarias le hicieron la denuncia en los Servicios Sociales del gobierno por maltrato y abuso de menores! La mujer estaba en shock total, no lo podía creer. En su post abierto se deshacía en explicaciones detalladas de cómo ella en realidad sí cuidaba de su hija y era una madre buena y dedicada... Resultaba tan patético y tan triste ver como "La Princesa y el Príncipe" (su nombre de usuario) trataba desesperadamente de dejar volcada en el post una buena imagen de sí misma, llegado el caso que Asistencia Social decida analizar la evidencia. (¿¿De quién?? ¿¿De "La Princesa y el Príncipe"?? ¿¿Y quién es, acaso?? ¿No se supone que uno elige un nombre de usuario para permanecer anónimo?...).
No estoy haciendo apología del abuso de menores, sabrán entender ustedes, y sería la primera en denunciar un caso si lo hubiera. Pero que basados en un comentario inocente, de una madre cansada, que creyó estar escribiendo en un círculo "amistoso" virtual, se termine en una caza de brujas al mejor estilo medieval, me saca tanto o más de las casillas que el pelirrojito que me dice que fulanito se está copiando!! El paso siguiente vos y yo lo conocemos: ya me veo escuchando por las calles de Melbourne, en susurro y con desprecio, unos a otros diciéndose:

"Y...algo habrá hecho!

Terrible. Que dios no lo permita.


10 noviembre 2007

Rompiendo ídolos



Después de charlar con el griego (ver post anterior) fui a comprar un cafecito al Seven Eleven, que es como la Esso o la Shell de allá: estaciones de servicio con mini-mercadito y venta de café, medialunas, etc. El Seven Eleven que yo voy siempre, no sé porqué motivo, está siempre atendido por indios. (Valga acá la aclaración: no me refiero a aborígenes sino a los naturales de la India, que a su vez pueden o no ser hindúes -de la religión hindú- por eso lo correcto es decir indios y no hindúes). De tanto que voy (me parezco a Claudio...) ya me los conozco a todos. Con algunos hablo mucho y otros parecen mudos (o tímidos, como suele creer mi mamá). Ayer entré al Seven Eleven y estaba de turno uno de los "mudos". Compré café y una barrita de cereal y cuando voy a pagar, para mi enorme sorpresa, el indio mudo me habló:

-¿Viste alguna vez a Maradona?

-¿Perdón? le pregunto, despertándome de mi asombro, no tanto por la pregunta en sí sino porque me había hablado.

-¿Viste a Maradona? -sus ojos fijos, expectantes.

-Sí... no, le digo

Me mira, intrigadísimo, como si su vida dependiera de ello. Me di cuenta de que le tenía que dar una respuesta más clara.

-¿Vos te referís en persona si lo vi?

-Sí. ¿Viste a Maradona? -sus ojos fijos más grandes aún.

-No, nunca.

El indio del Seven Eleven mi miró desconcertado y volvió a callar. Qué desilusión en la mirada. Yo no quería desanimarlo, así que agregué:

-Vos sabés que es un drogadicto perdido, dicen que está recuperado pero en realidad no, es un drogón terrible, está gordo y enfermo, arruinado...

El indio levantó la mirada: creo que me quería matar. Por un instante no dije nada, pero por pura compasión agregué:

-Pero en el fútbol no le gana nadie, es un genio, un genio total, eh!

Pero no, no hubo caso: le había destruido a su ídolo, sin punto de retorno. Andá a saber cuánto tiempo habrá estado el indio tratando de preguntarme a mí, sin animarse, probablemente la única argentina a la redonda, si vi a Diego Maradona. Si yo le hubiera dicho "Sí" el indio hubiese tocado el cielo con las manos, por el solo hecho de estar hablando con alguien que vio a Maradona, algo así como una poderosa sensación por transición. Pero no, yo voy y no sólo le digo que no lo vi sino que encima lo destruyo, lo destrono, lo bajo del pedestal. Pobre indio. A nadie la gusta que le destruyan un ídolo, ¿verdad?. A veces es lo único que tenemos.

Antes de irme, en un último intento por reparar el daño causado le digo:

-¿Sabés qué?, mi marido es hincha fanático de Boca. Me parece que él sí lo vio una vez a Maradona. Le voy a preguntar y te digo la próxima.

Me fui, cabizbaja. Por el rabillo del ojo me pareció ver que el indio, disimuladamente, se limpiaba una lágrima. Y yo también.




07 noviembre 2007

Estereotipos sobre inmigrantes

Ayer y hoy tuve que ir a un Seminario (no cementerio, jeje); una capacitación para el año que viene. El lugar -caso raro en Melbourne- no tenía acceso por rampa a ese preciso sector al que yo tenía que ir. La entrada constaba de unos cuantos escalones que la combinación de los diez kilos de Henry, los siete u ocho del Perego y mis tacos altos no hubiesen logrado que sala airosa. Así que opté por pedirle ayuda al primer hombre que vi por ahí. Resultó ser uno de los de mantenimiento.
-Hola, disculpame, ¿me podés ayudar a bajar el carrito? (en inglés, obviamente, el diálogo).
-Ah, sí, vos sos la del bebé tan lindo. Ningún problema. Y me instruye: -Agarrá de la manija y yo llevo de abajo. Yo no rompo platos.
Se imaginarán que lo miré sorprendidísima por el comentario tan desopilante. Le iba a preguntar por el origen de semejante aclaración pero el seminario había empezado y no quería llegar tarde.
En uno de los breaks me acerco a servirme un té (el café era feísimo) y allí estaba el buen señor, acomodando pilas de platos y galletitas típicas de este tipo de convenciones. Al cabo de un ratito escucha que alguien le pregunta de dónde es y el dice: "soy griego".
Ajá! Ahí mi cabeza ordenó el rompecabezas y disparó asociaciones en sentidos varios. Ahí fue cuando entendí porqué me dijo "Yo no rompo platos", qué quiso implicar con eso, y en qué estado se encuentra su yo. Veamos:
Cuando le pedí ayuda él aceptó solícito. Después me indicó cómo bajar. Se ve que ahí yo dudé unas décimas de segundo, quizás elaborando cuál era la mejor manera de bajar, más por mis tacos altos que por la habilidad de mi ocasional ayudante, de la cual no había dudado ni un instante... Esa expresión o gesto o lenguaje corporal que él vio y que sólo duró lo que un suspiro, le despertó un complejo, ya que él interpretó probablemente que yo desconfiaba de él. Entonces me dice (¡me aclara!): Yo no rompo platos. Es decir: "sí, soy griego, vos probablemente lo sepas; soy griego y lo que la gente sabe de los griegos es que en las fiestas de casamiento festejan rompiendo platos; eso suena muy primitivo; la gente piensa que los griegos son salvajes que rompen platos; yo soy griego pero no soy así de primitivo, quedáte tranquila que voy a bajar al cochecito y a tu bebé delicadamente, y no como si estuviera rompiendo platos en una fiesta".
Pero solamente dijo: "Yo no rompo platos". Qué poder de síntesis para un estereotipo. ¡Y que flor de complejo!
No lo culpo, ojo: los inmigrantes están llenos de complejos, que podríamos llamar "complejos de raza/nación/religión", que tiene su base en los estereotipos varios con que se los identifica y que los llevan a actuar muy a menudo de maneras antinaturales, sólo para demostrar que la cualidad con la que generalmente se asocia a la gente de su país, ellos no la poseen. Un buen ejemplo es el "mañana, mañana" con que se nos identifica a los latinos (no sólo a los mejicanos). Implican con eso que somos vagos y que todo lo dejamos para después. Un latino acomplejado, entonces, trataría de demostrar lo contrario adelantando plazos a veces a niveles ridículos. Y puedo seguir con más ejemplos, pero otra vez se está haciendo tarde así que mejor... lo dejo para mañana!!!! :)

05 noviembre 2007

Miti y miti Parte II

Y sí, Juan, nosotros también fuimos al diccionario! (De tal palo...). Y encontramos lo siguiente:
Mitad f. Cada una de las dos partes iguales en que se divide un todo. // Medio: partir un pan por la mitad.
O sea que, parafraseando a Feliz Domingo acá diríamos "los dos a la final, los dos a la final!!" ya que:
1)Se puede cortar algo por la mitad y que las dos partes sean simétricamente iguales (esto lo sabíamos)
2)Pero también, según la segunda acepción de mitad como "medio", se puede partir algo por la mitad sin que las dos partes resultantes sean iguales. Imagínense un tenedor. Lo podemos partir por la mitad (por el medio) y obtener dos mitades no simétricas: una mitad sería el mango, y la otra los dientes. O, claro está, lo podemos partir también en dos mitades iguales, a lo largo, y obtener dos mitades simétricas.
Divertido, no? En realidad era para mostrarles cómo el hecho de vivir lejos de la lengua madre nos hace consultar los diccionarios más que nunca. En este caso fue un viejísimo y queridísimo Pequeño Larousse Ilustrado de tapa roja dura que de pequeño no tiene nada y data de 1968. SE ha convertido en mi nuevo libro de mesita de luz (hagan la prueba: me había olvidado qué lindo es hojear una enciclopedia, abrirla en cualquier hoja y descubrir palabras rarísimas, dibujos y datos curiosos así porque sí).
Hasta la próxima.
PD: me quedé pensando en lo de la cafetería de la escuela, anónimo... tema para otro post...

04 noviembre 2007

Miti y miti


Acá las milanesas de pollo del super tienen forma de corazón. Y son bastante generosas. Es decir, grandecitas. Ayer cenamos milanesa con arroz y ensalada. Ahora bien, como en Australia se cena tempranísimo se da la situación que no terminan los chicos de merendar que ya los estamos convocando a la mesa para la cena. Los cereales y el Nesquik se les deben mezclar con el bife o los fideos todavía en el esófago!!! Ayer no fue la excepción, así que al servir las milanesas le pedí a Sergio que cortara una por la mitad, para que Coni y Jere la compartan. Agarra él diligente el cuchillo y se apronta a cortar cuando al ver cómo iba a hacer el corte le grito "¡Por la mitaaad te dije, mi amor! (bueno, creo que dije mi amor... tal vez sólo grité...). Coni, alertada por mi grito mira, Sergio detiene el cuchillo en el aire y mira, Jere mira. Todos escrutinamos el corte que estaba Sergio por hacer: imagínense ustedes un corazón. ¿Listo? Bueno, ahora imaginen que lo cortan por la mitad....... ¿Cómo lo "cortaron"? Sergio lo estaba por cortar a lo ancho, cuando en mi cabeza "cortar por la mitad" esa milanesa-corazón era hacerlo a lo largo.

Ante mi grito ("Por la mitaaad te dije...!") Sergio me respondió:

-Lo estoy cortando por la mitad

A lo que yo digo:

-Sí, no, bueno, así me refiero (haciendo señas con el dedo, de arriba para abajo)

A lo que Coni interviene diciendo:

-En partes simétricas.

A lo que Sergio dice:

-Puede ser la mitad sin ser simétrico.

Ahí nos quedamos todos pensando. Y abro la pregunta para ustedes:

¿Se puede cortar algo por la mitad y que las dos mitades no sean simétricas?

¿Se puede cortar algo por la mitad y que las dos partes no sean iguales?

Larga discusión sobre la mesa. Que sí, que no, que cómo puede ser. (Piensen en cuando un chico parte un chocolate por la mitad y se queda con la más grande... ¿es esa la mitad realmente? ¿es eso partir por la mitad?). Al final, nosotros llegamos a nuestras conclusiones, pero se las revelaré en el próximo post. Me gustaría escuchar primero algunas de sus respuestas.

Ah: la milanesa, ajena a nuestras elucubraciones sobre su formato, diseño y división, se dejó cortar nomás. Y estaba buenísima.


01 noviembre 2007

La cuasi-torta de Chocolinas

Lugar: Melbourne. Ocasión: Cumple de Coni. Diálogo:

-¿Qué torta querés para tu cumple, Coni?

-Torta de Chocolinas

-No, en serio te pregunto, dale, ¿qué torta querés?

-Y yo en serio te digo: torta de chocolinas.

-Pero la torta de chocolinas se hace con Mendicrim.

-¿Y?

-Acá no hay Mendicrim.

-Hacélo con otro queso.

-Bueh, sí, puede ser. Puedo probar con Sour Cream, no es lo mismo pero puedo probar.

-Bueno, ¿entonces me hacés la torta de chocolinas?

-Es que la torta de chocolinas se hace con dulce de leche

-¿Y?

-Acá no consigo... bah, puedo comprar leche condensada y hervirla la lata por una hora cuarenta y cinco y hago lo más parecido a dulce de leche que pueda.

-Genial, ¡ves! Entonces hacéme la torta de chocolinas para el cumple.

-Pero la torta de chocolinas se hace con Chocolinas. Acá no hay.

-Y bueno, mamá, hacélas con otra cosa, debe haber, ¿no?

-Y la verdad es que como las chocolinas no hay (en serio, todas las galletitas son rellenas, y las que son simples, no son de chocolate sino de vainilla o de coco, tipo las Lincoln). ...Bah -le digo - están esas galletitas casher, que son cuadradas y marroncitas, creo que ni siquiera son de chocolate sino símil chocolate, creo que en realidad son de algarroba, es que no las hacen de chocolate para que sean "parve"... puedo usar esas

-¿Viste? te dije.


Así que así fue, Coni tuvo su cuasi-torta de chocolinas que no tenía ni Mendicrim ni dulce de leche ni Chocolinas (sino un queso mucho más acuoso, una leche condensada hervida mucho tiempo, y unas galletitas de símil-chocolate) y que por lo tanto no quedó muy armadita sino medio descuajeringada, pero a la hora de hincarle el diente les puedo asegurar que no quedó ni un pedacito. Y bueno, ya lo dice el refrán:

"El hambre endulza las habas"

29 octubre 2007

Hay Elecciones... y elecciones

Ganó Cristina.
De hecho, me había olvidado completamente de que las elecciones eran este domingo en Argentina hasta que llamé a mis viejos y mi papá me preguntó, bromeando, por quién voté. Uy, cierto, hoy son las elecciones ahí, le digo. Sí, nosotros vamos más tarde, me dice, con mamá siempre vamos alrededor de las dos. Cada uno tiene sus métodos, se sabe: están los mañaneros que no temen “quedar enganchados” como presidentes de mesa; están los que van minutitos antes de las seis para no hacer cola. Y están los que no van, claro. Tengo entendido que el índice de votación no fue mucho mayor al 70%.
Después de hablar con mis viejos me fui a dormir (eran para mí ya las dos de la mañana), aprovechando que ahí regía la veda y no había mucho para ver más que espiar cómo vota Lopez Murphy o qué se puso la Carrio. Hoy, cuando mi cerebro me recordó más la linda charla con mis padres que las elecciones en sí, me metí en Internet (de tan buena la calidad es como estar viendo la tele desde el living de mi ex casa de Mansilla y Bulnes) y “puse” TN. Y ahí la vi. Es decir, la vieron mis ojos pero la imagen de ella que yo tenía en mi cabeza difería tanto de la que ahora se atribuía la victoria que por unas décimas de segundo dude. Esa boca de labios llenos, medio mulatones, esos pómulos firmes, como separados del resto de la cara por lo inmóviles, esa piel tan artificialmente tirante, como una máscara. Mis ojos recorrían las partes que conformaban ese rostro sin que mis oídos lograran prestar atención a las palabras, ya que lo caricaturesco de la cara se llevaba toda mi atención. Cristina está tan operada que al principio creí que la tan mencionada buena calidad de la banda ancha estaba distorsionada. Pero no, la única que estaba distorsionada era mi visión de lo que es bello. Es que otro de los ámbitos en que vivir en otro idioma manifiesta sus fracturas es en el mundo de la estética, y, en este caso, la estética femenina. Acá en Melbourne lo natural es la regla. Hay poquísimas mujeres operadas de “las lolas”. Cuando ves una te llama muchísimo la atención. Hay, sí, personas con cirugías estéticas hechas, pero con buen gusto. Allá la regla es verse hermosa, joven. ¡Y lo celebro! Amo la belleza y, en una especie de deformación profesional heredada (padre cirujano plástico), no puedo dejar de mirar una cara y pensar “qué bien le quedaría a esa mujer una buena operación de nariz”. O “esa mina con un toquecito en los párpados cambiaría completamente, le abriría la mirada”. Un toquecito, dije. Pero, Cristina (si me estás escuchando)…. ¡¡vos más que un toquecito tiraste la casa abajo y te hiciste la fachada completa!!. Eso, en los parámetros de acá, no es belleza. Es grotesco. Tengo en mi heladera un único imán, resabio de una campaña de supermercados Disco para el Día de la Mujer hace unos años que reza: Las argentinas son las más lindas del mundo. Me lo leo todas las noches. A veces hasta me lo creo. Hoy, claro está, me lo voy a tener que leer cien veces hasta convencerme! Viendo a Cristina, y parafraseando a Alfonsín sólo me queda decir “Un (buen) cirujano por allí!”.

(Invito a quien quiera tomar la palabra a expresarse. Más allá de la recientemente electa Presidente, el tema de los parámetros de belleza en las distintas culturas y ni que hablar a través de los tiempos -miremos los cuadros del Renacimiento o, sin ir taaaaaaan lejos, nuestras propias fotos de cuando éramos chiquitas: quién no recriminó a su madre por vestirlo de tal manera o hacerle llevar así el pelo- es otra manera en que se expresa el conflicto de vivir en otro idioma. ¿O acaso hay un concepto universal de belleza? No lo sé…).

25 octubre 2007

El Bris


Para los lectores no iniciados en el tema, el Bris es la circuncisión de todo varoncito judío a la edad de 8 días. Con un elemento especial se corta el prepucio del bebé y se dicen unas plegarias: con ellos se sella la entrada del nuevo ser al pueblo judío. ...Bueno, siempre y cuando no haya abuelas custodiándolos celosamente por allí!!... aquí va la anécdota:


Era 10 de junio y estábamos todos reunidos en el lugar elegido para el Bris: el salón de actos gigante del Bialik College, donde Sergio y yo trabajamos. Había más de cien invitados y un servicio de comidas al mejor estilo Shuster (jeje, ni sé si seguirá existiendo, pero es un clásico!). En una salita de al lado -la sala de los profes de Teatro del cole- nos habíamos apostado Henry y yo, a la espera. Mi mamá estaba conmigo haciéndome de apoyo terapéutico. Faltaban unos minutos para el horario acordado cuando decidí ir al salón grande para ver cómo estaba el catering, ver quién había llegado y acortar la espera. Le dejé a Henry a mi mamá, quien lo acogió tierna y firmemente en sus brazos. A solas, nieto y abuela, antes del Bris.

En eso estoy en el salón hablando con Sergio y viene alguien (no recuerdo en este momento quién) y me dice "andá a la salita que te llama tu mamá". Voy. ¿Y qué veo?

En una especie de recreación del juicio salomónico, el Mohel -que había llegado en mi ausencia- todo vestido de blanco y gran kipá en la cabeza, y mi mamá, sentadita y aferrando "el paquete"...se disputaban a HENRY!!! Mío, tuyo, mío, tuyo, me lo das, no te lo doy, me lo das, no te lo doy, parecía leerse desde afuera. Al verme entrar el mohel me miró suplicante dándome a entender que sin bebé no habría bris. Claro, eso nadie lo duda. Así que mi mamá me pasó a Henry y yo le entregué a Henry al mohel... Y eso era justamente el meollo del asunto: mi mamá quería que la que entregara al bebé al mohel fuera yo, la mismísima madre.

La escena mientras yo estaba ausente fue así:

Justo unos segundos después de que yo saliera de la salita llegó el Mohel. Ve a mi mamá con el bebé y le dice, en inglés obviamente, que le dé al bebé para prepararlo para el Bris. Pero mi mamá le contesta, en castellano obviamente, que ella no le iba a dar al bebé porque quería que se lo diera yo, que fuera de mis manos hacia él. El mohel, claro está, no habla ni entiende castellano. Mi mamá, si bien entiende, no podía explicarle sus valederos motivos al mohel en inglés, con lo cual le seguía hablando castellano. Y así habrán estado unos cuantos minutillos, él agachadito pidiéndole al bebé en inglés, ella sentadita con el bebé en brazos contestando que no en castellano, en una ahora anecdótica negociación que quedará como rito iniciático de la entrada de Henry al Pueblo de Israel. Mientras tanto, el Mohel habrá pensado que con abuelas así ...la población de bebés circuncisos en el Pueblo Judío quedaría diezmada en cuestión de segundos!!

Allí arriba va una foto de Michael Gordon (el Mohel), Henry, mi mamá, Jere y yo luego de zanjadas las barreras idiomáticas y antes del corte fundacional.




21 octubre 2007

Si los muertos hablaran...

A pocos días de la fecha estimada para el nacimiento de Henry, Sergio tenía que irse por unos días a un seminario. Y cada tanto hablábamos del tema, que cómo me iba a arreglar yo con los tres, que dónde iba a ser el seminario, que el seminario esto, que el seminario lo otro. Coni y Jere, escuchaban.
Pasan los días, nace Henry (ah, acá lo pongo en rojo para acordarme de contarles algo genial del nacimiento de Henry, en otro post), todos felices y contentos. Al poquito tiempo Sergio se prepara el bolso para irse unos días. Estamos sentados a la mesa y se escucha la siguiente charla:

Sergio (entusiasmado)-Bueno chicos, por unos días no voy a estar, portense bien, etc, etc, que yo mañana me voy al seminario.
Coni (compungida, lo mira):- Pero papi, ¡eso es re-aburrido!
Sergio (confundido):-¿Por qué, Coni?
Coni: -¡¡¡¡¡Porque ahí están todos los muertos!!!!!!!!!


Sergio:.....................No, mi amor, eso es el cementerio
Coni (aliviada): Ah.

FIN.

Nota de la Bloguista: El castellano de Coni, como les dijo, es rico y fluído, sólo que, gracias a dios, hay palabras que no las usamos a menudo. Hasta la próxima!

18 octubre 2007

¿Y vos cómo te llamás?

Ya lo decía la publicidad de Banco Río: "Un buen nombre es lo mejor que uno puede tener". ¡Y díganselo a los migrantes! Cuando llegamos a Australia notamos primero que todo la facilidad con que los australianos se acuerdan de tu nombre. Alguien te presenta a una persona y estáte seguro de que si la volvés a ver dentro de tres, seis o nueve meses te va a saludar por tu nombre: no se lo olvidó. He aquí que cuando te conocen te preguntan una y otra vez cómo te llamás si no entendieron desde el principio. Lo cual ocurre con mucha frecuencia, dada la cantidad de inmigrantes con que cuenta el país. En mi caso es fácil: Daniela, es conocido y existe en muchos idiomas. A lo sumo me pueden llegar a llamar "Daniellle", como en francés, pero vaya y pase. Con Sergio la cosa se complica un poquitín más, pero todo queda solucionado cuando él mismo se presenta como "Serchio". Clarísimo y nadie le vuelve a preguntar por segunda vez. ¡Un poroto para Sergio! Después sigue Constanza. Ya en Argentina le decíamos Coni y lo escribíamos así (ce, o, ene, i). Así que a la pregunta de cómo te llamás, si decimos Constanza les resulta difícil (y muuuuuuy extravagante) pero Coni lo entienden perfectamente. Es más, ellos tienen el nombre Connie que es el equivalente. No bien llegamos, Coni, que ya dije tenía cinco y medio, ya sabía escribir bastante y entre otras cosas su nombre. Al poco tiempo empezó sin embargo a notar que la gente lo escribía Connie. Y en una actividad de arte en el que había que hacer cosas de yeso, una nena que la estaba ayudando le escribió su nombre CONNY. A ella le gustó tanto que empezó a firmar así de ahí en más. Sin embargo, ella veía que yo cada vez que escribía su nombre (en notas para la escuela, o atrás de los dibujos -de recuerdo- seguía escribiendo Coni). Pasaron los meses, los años, y he aquí que un día de 2007 veo unos papeles de ella firmados "Coni"... también su agenda, sus dibujos... Y le pregunté: Coni había decidido adoptar nuevamente y para siempre la grafía castellana de su nombre (demás está decir que a mí me encantó).
Y llegamos por último a Jere... lejos el más más más complicado para pronunciar para los australianos. La jota del principio ya les es un parto, pero cuando encima se combina con la erre suave ("ere") del medio están listos para colapsar!! DE todos modos nosotros, como ya lo habrán adivinado, cada vez que nos preguntaban cómo se llama el nene decíamos Jeremías con la pronunciación en castellano, y nos la pasabamos diez minutos entre deletrándolo y explicándoles de dónde viene. Claro que ellos tienen el equivalente Jeremy, pero miren qué paradoja: mientras que nosotros elegimos Jeremías justamente por lo distinto y poco usado en Argentina, acá en Australia Jeremy es de lo más común. Es como llamarse José. ¡Qué frustración! Además Jeremías nos encanta y Jeremy, la verdad, no. Así que insistimos... los compañeritos de Jere lo aprendieron a la perfección. Bueno, casi. Pronuncian la erre a lo australiano y la jota aspirada (como una "hey" en hebreo). Pero lo hacen con total naturalidad. Sin embargo, con el tiempo empezamos a notar que los adultos no lo llamaban por el nombre, ni lo mencionaban por el nombre cuando hablaban de él. Dicen "your son" o pronuncian el nombre pero bajito, como con verguenza. Y esot evidentemente lo notó Jere también. Tal es así que el otro día, sin saber que yo estaba escuchando, cuando el profe nuevo de natación le preguntó su nombre, él dudó una décima de segundo antes de responder: "JEREMY". El corazón me hizo una puntadita, pero entendí que uno no se puede pasar la vida entera deletreando su nombre. Así que es un misterio cómo será de acá en más. Sus amiguitos del jardín y las maestras aprendieron a decirlo (Heremías, con la hache aspirada y arrastrando la erre, pero es lo más cercano que pueden y brindo por ese esfuerzo). Pero a futuro, veremos. Es que ni el mismo Jere sabe!! (Otra variante es la pronunciación Sheremaias, que también se la escuché decir a Jere en respuesta a what´s your name... mmmmh... me muero por saber qué sentirá Jere con todo esto, dentro de sí...).
En fin, creo que está demás explicar porqué cuando nació nuestro tercer hijo, en junio de este año, no dudamos en ponerle HENRY!!! Clásico y, sobre todo, fácil de pronunciar. Bah: ¡¡para ellos!! La verdad, miren qué loco, es que la gente pronuncia mejor Henry que nosotros que somos los propios padres.
Y para terminar, una anécdota: Lo cierto es que elegir el nombre para Henry nos costó muchísimo, y llego un momento en que parecía que en casa sólo se hablaba de eso. Coni y Jere tenían sus sugerencias, nosotros teníamos la última palabra, y la cosa venía difícil, y hasta hubo algún que otro puchero por no aceptar alguna sugerencia. Así que cuando "el trabajo" estuvo terminado y elegimos HENRY, se los contamos a Coni y Jere en la cena. Todos chochos y felices de tener finalmente un nombre para el nuevo hermanito por nacer, y, calculo yo, de tener que dejar de "pensar". Pasaron unos días y estábamos una tarde en casa mientras Jere repetía para sí "Henry, Henry" todo contento, cuando de repente se le transforma la cara y me grita, todo preocupado:
- UUUUUUUUUUUY, MAMI!..........
-¿Qué, mi amor?
- .......¡¡¡LE TENEMOS QUE PONER UN APELLIDO!!!
Acá va una foto de Henry. Herskovits, por supuesto :)