sábado 30 de enero de 2010

Ocho hoy

Jeremías cumple años. 8.
Está feliz. Se lo festejamos con los abuelos, tíos y primos en Buenos Aires en donde estamos de visita. Mañana siguen los festejos en Rosario, adonde viajamos de casualidad para otro festejo. También habrá fiesta en Chile, dentro de dos semanas, con los compañeros del colegio. Y recibirá saludos de Australia, de Israel, llamadas de USA y mails de un amigo de visita en Canadá.
Ustedes seguramente están ahora sonriendo.
Para él es de lo más normal.
Generación Z?
Por suerte, cuando sopló las velitas, los ojos le brillaban como a vos y a mí a la hora de pedir los tres deseos. Hay cosas que no cambian.
Te amo, Jere, hijo mío, bendición.
Te amo en todas tus realidades.

martes 12 de enero de 2010

El hijo de la nana

Paty es la señora que trabaja en casa. Puertas adentro. Se fue al sur a pasar las fiestas. Volvió del sur. Trajo a su hijo por unos días. Ok. Todo bien. Su hijo tiene 11 años. Estamos de vacaciones. Jeremías curioso y feliz: un amigo nuevo. Por unos días, bah. El hijo de Paty se va a quedar al final como quince días con nosotros. Ok. todo bien. Entonces un día Jere quiere ir al cine. Vamos, le digo. Llevamos a John. Ok. Qué quieren, pochoclo o M&m? Yo M&m dice Jere. Silencio. Y vos? No, nada, Señora Daniela. Pero dale, decíme, palomitas o chocolate? Mmm... bueno, como el Jere! Chocolate? Sí, señora Daniela. De tomar? Coca light con mucho hielo y dos pajitas. Y vos? Nada, señora Daniela. (Lo miro como diciendo "dale"). Coca también, señora Daniela.
...
-John
-Sí señora Daniela?
-No me tenés que decir señora Daniela. No hace falta.
- ....
-Decíme Daniela
-... (piensa, muy seriamente. Creo que vacila. Sin embargo, me contesta, firmemente): No. A mí me gusta decirle así, señora Daniela.
-Ok.Todo bien.

(pero... ok?
Todo bien? En realidad, se me hizo un nudo en la gargante que todavía estoy tratando de desmadejar).

miércoles 23 de diciembre de 2009

A Chile con amor

Una de cal y una de arena:
se acerca fin de año y me pongo melancólica, a tono con los villancicos, los letreros rojiverdes, los arbolitos de Navidad, las compras alocadas y el espíritu festivo y mi mente revive mis últimos meses de cambios agitados, mudanzas de idioma y mudanzas continentales y piensa:
Gracias Chile.
Me diste de nuevo los días largos, las cenas a las 9 de la noche, los saludos con beso, las risas en voz alta, la ronda infaltable de chismes, la Argentina acá a la vuelta, las charlas íntimas de verdad, la gente caminando por las calles, el sabor del dulce de leche, las parejas besándose en público, las discusiones acaloradas, la tele bullanguera, el abrazo y el beso y de nuevo el abrazo a toda hora, los libros en español, la pasión de un partido de fútbol, los piropos por la calle, las miradas seductoras, los cortados en cada esquina y un placer enorme de volver a vivir en mi lengua madre.
¿Qué más se puede pedir?

sábado 5 de diciembre de 2009

Dos cosas que ahora sé de los chilenos

Dos cosas que aprendí de los chilenos.
Una: "Mañana vengo sin falta"... "Contá conmigo el viernes"... "Sí, vamos los cuatro, por supuesto, a las nueve"...significa: "ni lo sueñes!!".
Dos: "Te queda divino!!!... "Estuvo genial la fiesta"... "¡¡Qué buen corte!!, ¿dónde te cortaste?"... siginifca que no te diste vuelta ni medio micromilímetro y las lanzas ya te están arañando la espalda.
Nice (isn´t it????).

miércoles 18 de noviembre de 2009

Me falta algo

Estoy confundida. Acabo de volver de una semana en Buenos Aires. Fui solita, marido e hijos a cargo de la nana (bah, quiero decir, hijos a cargo de la nana; mardio hopefully not!).
Estoy en BA, la paso genial, salga a comer, cafecito a toda hora, las mejores medialunas, no hay horarios, no hay límites, todo un sueño. Casi turista en mi propio país, viviendo las bondades de la ciudad que no duerme con la ventaja de conocerla como local y mirando las miserias a través del cristal que me concede mi condición de quasi turista. Todo un lujo.
Y vuelvo. Inexorablemente me tomo el avión y me vuelvo a... hete aquí el dilema. Ya no vuelvo a Australia. Ya no me despido en la puerta de embarque con el nudo en la garganta. Ahora subo al avión y ya no cambio de idioma. ¡¡Pero yo quiero!! Les pido, les ruego, háblenme en inglés, sedúzcanme, vivo en el extranjero, soy una inmigrante, por favor!! ¡¡Necesito no entender a veces, esforzarme, reírme con los malentendidos, leerles los labios!!
Y no. No hay caso. Llego a Santiago. Todo en español. Apenas cambia un poco la geografía. Y la falta de humedad. Pero me saludan en español y me piden mi pasaporte en español y me preguntan si traigo frutas o productos prohibidos en español. Y yo sufro.
¡¡Así no tiene gracia ser inmigrante!! ¡Que me hablen en inglés, exijo! Que me devuelvan mi condición de auténtica inmigrante, ¡caramba!
Es que me confunden, sino. Me confunden, for goodness sake.

jueves 15 de octubre de 2009

Henry, ciudadano mercenario

En el ínfimo término de NUEVE SEMANAS Y MEDIA Henry pasó del pegadizo "Advance, Australia, fair" del himno nacioanl australiano al "Viva Chile!! Uifa!!" con una facilidad digna de devota admiración. Es la mejor muestra de que, en materia de adaptación, los niños nos llevan años luz de ventaja (¿¿cachai??). Acá va el botón que sirve de muestra:

video

(este cantito se lo enseñaron en el jardín a raíz de la gran fiesta patria del 18 de Septiembre, para la cual Henry se vistió de Huaso chileno con chaquetilla, chupalla, y fajita tricolor. ¿Qué me contai?)

viernes 25 de septiembre de 2009

Gringo culinario

Henry se ha hecho fanático del queso de máquina, ese que viene cortado en fetas. Se lo come, así, solito nomás, a veces doblado, a veces enrolladito en forma de cubanito. Yo, feliz. Él señala la heladera y dice "cheese" y listo. Y a veces, si el queso anda por la mesada, se agarra solito.
Así que la imagen de ver a Henry comiendo su feta de queso diaria no es inusual. Así las cosas, el otro día estaba haciendo empanadas. Mi regocijo era tal por contar con tapas de empanadas listas para usar que hasta daba saltitos de alegría (recordarán que por seis años, en Australia, cero tapa, había que recurrir a sucedáneos o comprarlas lejos cuando uno se acordaba con tiempo). La imagen de la mesada de mi cocina salpicada de los benditos círculos blanquecinos me parecía un cuadro de Picasso. Yo, feliz. En eso salgo un segundo de la cocina a atender un llamadito telefónico.
Y al regresar, lo veo: Henry está comiendo. Le digo, "Henry, what are you eating...?". Me mira, me sonríe con todos los dientes y me dice, señalándome su presa con la boca llena: "Cheese!".
Transformóse mi cara, arranquéle el disco de tapa de empanada con certeza y gritéle, enojadísima, cual si hubiesen insultado a todo mi ser:
-"¡¡¡Gringo culinario!!!"

(Es que, habráse visto, confundir una tapa de empanada -bella, redonda, una pieza arte, un bien preciadísimo y escaso hasta hace dos meses atrás- en una simple y ordinaria feta de queso! Terrible! Una traición.)
(... ¿No se habrán pensado que me iba a preocupar por una posible indigestión? ¿O porque le cayera mal la masa cruda? Ni loca. ¡¡Las empanadas primero!!).