17 diciembre 2007

El parto más largo del mundo

Sábado a la tarde. Mc Donalds (y bueh, el que nunca fue a Mc Donalds que tire la primera piedra!). En la mesa de al lado había dos mujeres y dos niños. Una de las mujeres llevaba pañuelo en la cabeza y entre ellas hablaban lo que a mí me parecía era árabe. En un momento salgo al pelotero a ver a Coni y Jere, y sale también el varoncito de la mesa y se me acerca. Le hace monerías a Henry y yo me pongo a hablar con él.
-¿En qué idioma estaban hablando ustedes? ¿En árabe?
-No -me contesta, lacónico (o quizás tímido) el nene, unos cinco o seis años él.
-Y decíme, lindo, ¿esa del pañuelo es tu mamá?
-Sí.
-Aaaah. Y decíme, ¿de dónde son ustedes?
-Y... -me mira, con sus ojos negros haciendo memoria, se veía que me quería dar la respuesta acertada pero que no era tan simple, tan lineal.
Le vuelvo a preguntar:
-¿De dónde son?
-Mi papá es de Vietnam. Mi mamá de Turquía.
-¿Y vos?
-Yo... yo nací mitad en Sri Lanka y mitad en Australia.

(Oh my god, ¡¡qué parto largo!! pobre mujer, pensé, ¿habrá sido un parto en el avión? ¿Una emergencia? ¿Un parto prematuro? ¿Una colaboracíon médica internacional? ¿Un trabajo de parto de varios días?)
Pero no, claro, lo que el nene me había querido decir era que nación en Sri Lanka, pero que cuando era recién nacido se vinieron para Australia. La mamá me lo aclaró todito todito mientras se terminaba el big mac con papas fritas y me miraba con cara de no podés ser tan tonta como para haber entendido otra cosa. Todavía me quedaba preguntarle en qué idioma hablaban y pedirle que me repitiera por enésima vez el nombre de su hijo que no había podido captar (¿Untu? ¿Utum? ¿Hutu? ¿Nuhut?) pero preferí, como pocas veces, hacer un culto a la curiosidad abriendo el pico sólo para terminarme mi Quarter Pounder con queso. Nos saludamos con un tibio bye, mientras ella habrá pensado "estos argentinos son medio lelos", y yo pensaba "estos vietnamitoturcosrilankeses no tienen piedad". A lo lejos, Untu (¿Utum? ¿Hutu?...) me sonreía, ajeno a todo, con levedad. No pude menos que devolverle la sonrisa a quien fuera -al menos por unos minutos- el bebé del parto más largo del mundo.

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