31 diciembre 2011

Hebrew speakers will love this one!

Estábamos con Henry (4) hablando de fútbol, de River, de Boca, de la U de Chile y demás. en eso no me acuerdo bien qué partido había y le pregunto:
-Pero ese jugador, ¿de qué equipo es, del Barcelona?
 -No. Del Real Madrij ...

¡¡¡Feliz Año Nuevo mis amigos!!!
Eso pasa cuando criamos a nuestros hijos en hebreo, en inglés, en Chile, en Argentina, en Australia, en español... en chileno (que es otro idioma)... ¡¡¡se confunden y son tan exquisitos!!
¡Feliz 2012!
Seamos felices, sanos, abiertos, multiculturales y divertidos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!



14 diciembre 2011

Crecer de golpe

Era el último día de clases y estábamos con Henry lavándonos los dientes para salir al cole, a su último día en la salita de "Guimel C".
Desde mi altura veía su coronilla rubia y sus movimientos afanados por cepillarse bien los dientes -¡ardua tarea a sus cuatro años!-.
En eso levanta la vista y me pregunta, abriendo bien esos ojos azules, con la ansiedad de alguien que acaba de hacer un descubrimiento:
-Mami, ¿¿dónde voy a dormir mañana??
Lo miré, sin entender. En tu pieza mi amor, ¿por qué?
-¡Porque mañana voy a ser más grande y no voy a entrar en la cama!
Abrazarlo. Eso hice. Agacharme hasta su altura y abrazarlo como uno abraza la inocencia.


(Te amo, Henry. podés seguir durmiendo en tu cama por muchos años más. Uno crece muy, muy de a poco.)

07 diciembre 2011

Futuro Escritor

"Los payasos no me gustan. Son tan malos como un pedazo de caca".
Henry Herskovits, 4 años

Yo creo que la frase resulta contundente, específica, coherente y eficaz. Funciona. Genera identificación.
Creo que Henry va a ser escritor.

03 noviembre 2011

Nostalgia navideña

Está impreso en mi memoria sensitiva: cada vez que veo un árbol de Navidad, me dan ganas de volver a casa. Aclaro: a Argentina (porque, ¿qué es "casa" a esta altura?).
Es que con mis hermanas jugábamos a contar los árboles de Navidad que decoraban las calles, los negocios, los hogares. Viajábamos en el auto, mi papá manejaba, y nosotras tres para no aburrirnos contábamos los árboles...  mi hermana mayor los de la derecha... mi hermana del medio los de la izquierda.... y yo, que viajaba SIEMPRE en el medio, ¡debía plegarme a una o a otra!
No festejo Navidad, pero qué fiesta más brillosa. Transmite alegría. Glamour.
Este verano no voy para Argentina.
Salvo que me aseguren que, por única excepción, me toca viajar del lado de la ventanilla.


07 octubre 2011

En Policía Internacional de Chile

Yo respeto el uniforme. En general. Pero cuando el uniformado es ignorante, ya no tanto. Y si, además, la ignorancia viene acompañada de maltrato, ahí ya no solamente que no lo respeto sino que no lo tolero. Y me defiendo.He aquí la situación: fui al centro, a Policía Internacional en Santiago, Chile. El Policía que me atendió me decía que mi hijo, para salir del país, debía presentar certificado de nacimiento... chileno. Yo le expliqué que mi hijo había nacido en Argentina. El policía, muy insistente y muy fastidiado (¡!) me decía:
-Pero si vive en Chile... cuando vino a vivir a Chile... le dieron un certificado de nacimiento chileno.
Con tanta seguridad hablaba. Con tanta soberbia. Con tanto maltrato. Y con tanta ignorancia.
Le expliqué que no: que si mi hijo nació en Argentina y el certificado se lo otorgaban en Chile... eso hubiese sido un MILAGRO!: ¡la mujer con el parto más ancho del mundo!
Pero no hubo caso. El policía estaba convencido de que tenía razón. Y cómo cacaraeaba amparado en el uniforme.
Yo digo: para ser carabinero les exigen una altura mínima. Ah... wait: es altura física, claro. Yo pensé que era intelectual.
Eso sería bueno, ¿o no?


26 septiembre 2011

El Póilishe Huaso

Qué les puedo decir, el esfuerzo y el entusiasmo fueron enormes. Días antes ya estaba Henry (4) preparando y practicando uno de los típicos bailes chilenos: este año sería el pica-pica. La nota del colegio decía "pantalón oscuro, camisa de un solo color, calzado oscuro" opcional gorro de lana con orejeras, etc. La ocasión: los festejos patrios chilenos de la semana del 18 de septiembre. Henry entusiasmadísimo. Practicó, mucho, manito atrás en la espalda, agachadito para el trote, la letra del la canción y todo.
Pero qué quieren que les diga? Este hijos de argentinos judíos, bisnieto de inmigrantes polacos, rumanos y húngaros y nacido en Australia, blanquísimo, rubio y de ojos eternamente celestes, se vio más como un "poilishe ingale" que como un huaso chileno. Juro que lo intentamos.
Como dijo la mamá de Camila, la compañera de baile de Henry: "estos son más póilishes!..."
Póilishe huaso.
Eso es.

04 agosto 2011

Soy un Dinosaurio

Conversación hace una semana, en plena lluvia. llevando a Jeremías al colegio:
-Ma
-Qué
-En tu época, ¿existían los limpiaparabrisas?

20 junio 2011

No tengo un Porsche

Cuando llegamos a Chile nos compramos un auto de tres corridas de asientos para que entráramos cómodamente nosotros cinco más mochilas, amigos y bártulos varios. Es un Chevrolet Uplander. Ahora bien, mi dilema es el siguiente: mi hijo Henry está convencido de que tenemos un Porsche. Asevera, a quien quiera escucharlo, que su papá tiene un Porsche. Que el logotipo de la cruz de Chevrolet es el logo de Porsche y cada vez que ve un Chevrolet por la calle grita: "mirá!! un Porsche!! como el nuestro!!".

Muchachos: ¿qué se hace en estos casos? ¿Le mato la ilusión ahorita nomás? ¿¿O dejo que se estrelle con la realidad dentro de unos añitos y voy juntando para pagarle el psicólogo??

22 mayo 2011

Enredada

Le gusta Rafael Nadal. También la pizza. ¿Películas favoritas? Las de Disney, preferentemente si está el ratón Mickey. Cantante predilecta: una tal Mai Salim, voluptuosa, ojos gatunos y cabello de sirena. Parece que juega al póker, su libro preferido es la Biblia y odia rendir exámenes. Por lo general suele estar de buen humor, le gustan las chicas, los juegos en línea –“Crazy Taxi” encabeza la lista- y el fútbol. Lo sé porque puso un “Me gusta” en la siguiente página web: “Apuesto que puedo encontrar 1.000.000 de personas que apoyan a Egipto en el Mundial de Brasil 2014”.  Ah, también le gustan un montón de otras cosas que me es imposible transcribir aquí, debido a que por el momento no manejo el idioma árabe.
Veamos, ¿cómo llega una mujer judía argentina que vive en Santiago a relacionarse –o casi relacionarse, o mejor dicho tomar contacto… o ni siquiera- con un joven de las características mencionadas? Que, además de lo ya dicho, admira al futbolista egipcio Abo Trika, a quien por mi ignorancia tuve que buscar en google? He aquí parte de la respuesta: ¡precisamente googleando! Navegando por Internet, buceando en esa masa atractiva, tentadora, pero terriblemente brumosa que es la red.
Era lunes, estaba sentada en mi cafecito habitual del Mall, computador en mano, hacía frío y el smog sugería desaparecer gracias a la proximidad de un chubasco acariciador. Abrí un par de sitios web: diarios de Chile, de Argentina, de Australia, de Israel. Pero antes, cómo no, mi Facebook.  Un amigo anunciaba que odiaba los lunes, otra compartía un álbum de fotos del cumpleaños de su hija y otro escribía “Juntemos firmas para borrar esta página de Facebook”. Eso sí llamó mi atención (más que aquél que escribió por fin: hoy sí. Me producen cierto escozor y el efecto absolutamente contrario al deseado las leyendas crípticas en los estados de Facebook, pero en fin). Hice click en la página en cuestión y me encontré con un llamado peculiar, aunque lamentablemente nada novedoso. Era una convocatoria a una tercera Intifada, a realizarse en mayo de este año, lanzado a todos los hombres que quisieran sumarse en contra de Israel y los judíos del mundo. En su foto una bandera palestina y en su muro un par de links. Uno de ellos era al canal de videos de Internet YouTube. Otro click, ya no podía detenerme. Quería, además de leer, ver y oír a los convocantes a este ultraje a la integridad física y los derechos judíos y humanos. Iba hirviendo mi sangre, de ira. El link a YouTube no funcionaba (parece que Facebook ya lo había bloqueado). Abrí otra página, esto ya era personal. En youtube.com  escribí en el cuadrado de búsqueda “Tercera Intifada”.  Y he aquí que surgieron varias opciones. Una de ellas se titulaba en inglés: “joven apoyando la tercera intifada palestina”. Click. Esperaba ver al diablo. El joven resultó ser de pelo crespo muy negro, un prolijo bigote incipiente, bien vestido con un polerón azul claro, linda sonrisa y un inglés perfectamente articulado. La violencia a la que incitaba no coincidía con lo que mostraba la pantalla.  Hablaba pausada, universitariamente. Con su nombre anotado en una servilleta volví a Facebook. Lo tipeé. Lo encontré. Otro sorbo de café –descremado y extra caliente- y le escribí un mensaje privado (hola, te saqué de youtube, ¿realmente crees en la violencia? Pareces tan inteligente, conversemos, sin ánimo de pelear). Un poco de nervios me dio, confieso. ¡En qué me estoy metiendo!... Después me olvidé, seguí mi día habitual. A la mañana siguiente tenía una invitación de “amistad”. Era Omar, el de la Intifada. No me había respondido, pero quería ser mi amigo. Lo sentí tan próximo que me sumí en una especie de pánico en escala. Ahora me va a atacar a piedrazos. Veía el puño cerrado en verde y rojo salir de la pantalla de mi laptop y ensangrentarme la cara.  Omar quería ser mi amigo para liquidarme tras una búsqueda internacional. A mí y a todos los contactos de mi lista. Uno por uno. De a poco volví a la realidad. Sí: era un fanático de su causa. No: probablemente no tenía intenciones de venir a Chile a matarme. Pero ¿no eran ciertas sus amenazas? ¿No quería Omar, el de cabello crespo y hablar suave, linchar a los judíos un día de mayo de este mismísimo año? No lo acepté –hubiese implicado exponer a todos mis amigos de Facebook- y le mandé otro mensaje: quieres ser mi amigo pero no has respondido mi pregunta. A todo esto la página convocando a la Intifada sumaba ya miles de “me gusta”. Pero la `contrapágina`, llamémosla así, también iba ganando adeptos de a millares. Omar respondió a los pocos días: “Do you speak arabic?”.  No, le dije. English, Spanish, Portugues. And Hebrew (del Idish no dije ni mu). Ok, no problem, me respondió Omar. Y ése fue nuestro último contacto. Desde entonces Facebook ha bloqueado la página antisemita, pero resurge, disfrazada, una y otra vez. El video de Omar en YouTube sigue ahí, con comentarios a favor y muchos en contra, defendiendo a Israel o simplemente a favor de la no-violencia. De Omar solo sé lo que puedo entender, aquello que está publicado en inglés. Aparte de la voluptuosa cantante le gustan las papas fritas Pringles, la TV online y mandar mensajes por MSN. Gente como uno, ¿no?
A propósito: Abo Trika es el diminutivo de Mohamed Aboutrika, futbolista egipcio, jugador estrella del equipo  Al-Ahly, mediocampista, suele festejar los goles tirado sobre el césped agradeciendo a Alá. La prensa extranjera lo apodó “el asesino sonriente” (mete goles como balazos y sonríe) y Wikipedia menciona entre su información personal “Simpatizante de Gaza”, ya que después de anotar el tercer gol contra Sudán en 2008, levantó la camiseta de su equipo para dejar al descubierto una que decía: “Simpatizo con Gaza”. Le sacaron tarjeta amarilla por romper la regla de la FIFA que prohíbe hacer demostraciones políticas durante el juego. Para los habitantes de Gaza se convirtió en un héroe. Muchos comentaristas árabes, por el contrario, adularon la sanción catalogándola como ejemplar. Abo Trika es egresado de la Universidad de El Cairo, está casado y tiene mellizos. Su número es el 22 y todavía no lo busqué en Facebook. 

27 abril 2011

Hagamos como que no







De las cosas importantes no he escrito: se ha muerto mi padre.
Un 1 de abril cumplí 41 (el año pasado) y al día siguiente se moría mi papá. Lo tuve 41 años y no pude volcar en este aymilenguamadre ni una palabra en y por su nombre. Es que hagamos como que sigue vivo, dale? Hagamos como que me sonríe con sus ojos verdes y me hace chistes que me conozco de memoria pero igual me río. Hagamos como que me cocina las mejores pizzas y una paella monumental. Hagamos como que hoy a las tres tiene que ir a su quirófano a operar a una mujer de nariz, y a las cinco a ponerle unos implantes a otra. Que me va a llamar en la mitad de la operación para saber cómo me fue en el colegio. Hagamos como que se va a poner tremendamente serio si algo no sale como él lo planificó -todo, al detalle- y que va a mirar el noticiero con la misma seriedad. Que va a gritarle al árbitro porque no vio ese off side y que parece cuando habla que él si estuviera en la cancha jugaría mejor que todos, todos, todos. Hagamos como que gana River y entonces todo es buen ánimo, hagamos como que se preocupa por mis materias, mi trabajo, mi salud, mi todo. Hagamos como que baja películas de Internet y me las regala, dibujados los nombres con milimétrica perfección en las etiquetas que aprendió solo a bajar de internet. Y las perfeccionó, obvio. Hagamos como que me va a revisar los lunares y tranquilizarme, y me va a retar si no me hice tal o cual análisis de sangre. Hagamos como que va a jugar al tenis y dejar el alma en la cancha, que va a tirar esas boleas como balazos, y que gana 6-1 6-0. Hagamos como que prepara un asado ejemplar después de haber prendido el fuego con su método único con cajón de madera que él diseñó y todos admiran. Mucho humo, inmenso despliegue. Hagamos como que va a operar a todos los hijos de los amigos porque se cortaron, se abrieron, y Juancito te llamo urgente porque mirá, se clavó la punta de la mesa y mi papá les abre el quirófano, los cura, les cose, les hace chistes y no les cobra. Hagamos como que me va a preparar unas hamburguesas y las va a pesar y a ¡medir! para que todas sean exactamente iguales. Hagamos como que se va a comprar todos y los mejores utensilios para que todo salgo excelente, impoluto, soberbio. El Azafrán traído especialmente de España, para que la paella sepa al sabor original. Hagamos como que se prepara para viajar con antelación y se dibuja las rutas en el mapa, las estaciones de servicio y dónde van a tomar el desayuno, el alquiler del auto planificado y hagamos como que todo eso ya es el viaje, el disfrute. Hagamos como que está preocupado porque siempre nos vaya bien a nosotras (las tres nenas), aprobemos el examen (con diez), nos den ese trabajo, nos elijan para tal concurso, nos admiren, estemos lindas. Hagamos como que se enfurece si algo es injusto o humillante, como que me dice que siempre con la frente alta. Hagamos como que me manda a la carnicería a comprar un kilo de nalga para milanesas cortadas finas y que le diga que soy la hija del doctor Roitstein, de José Cubas, porque me van a dar las mejores milanesas, de la mejor vaca. Y hagamos como que vamos al club y lleva su bolso con lo de siempre, impecable, y la gente lo saluda mucho y él con esa sonrisa, y hagamos como que maneja su Mitsubishi porque los autos japoneses son los mejores, y hagamos como que me lleva al colegio bien temprano y me hace el juego de las cosquillas, siempre el mismo, y yo me río igual. Y hagamos como que me escribe un mail con lujo de detalles sobre lo que le pregunté ayer, porque me lo averiguó y hasta fue más allá, y al final me dice te mando muuuuchos besos chauuuuu PA. Y hagamos como que hace una cena el domingo a la noche para que estemos todos juntos, y cocina colita de cuadril y se inventa un queso untable con algo nuevo y enrabia si llegamos tarde porque se le pasa la carne. Y hagamos como que los nietos le dicen abuelo Juan y mañana, mañana mismo, les va a llevar la última película que les bajó.
...Uf, al final sí escribí.
Pero hagamos como que no. Que todo sigue igual.