26 febrero 2008

La (ahora sí: total) entrega

... y aunque sólo sea porque ahora entiendo la entrega de los Oscar enterita y me puedo reir de los chistes en tiempo real (y no tres horas después cuando la intérprete lograba traducirlos, con retraso considerable) valió la pena venirse a vivir a un país anglosajón. Ahora sólo me falta que lo repongan a Billy Cristal como maestro de ceremonias!!

20 febrero 2008

El besito de las buenas noches (¡pero en español!)

Recién fui a dar la "ronda" de la noche por las piezas de los chicos antes de irme a dormir. Constanza se durmió con un libro de Mafalda en las manos. Henry con un CD de María Elena Walsh. Y a Jeremías, antes de dormir, le leí -a pedido suyo- "Sinbarba y la Princesa", en castellano.
Qué cosa, ¿no?

14 febrero 2008

El acento registrado

Van cuatro años que estoy en Australia. Y siete meses, para ser precisos. Mi amiga Patri otros tantos. A tomar café fuimos, juntitas, el otro día. Un café más o menos pasable en una entretenida cuadra de un barrio mezcla de judío con bohemio, familiar de día, loco de noche. Un café queríamos, y un chocolate caliente (un submarino, bah!).
-How much is it?
-Eight fifty.
Genial. Abro mi billetera, voy a entregarle la tarjeta para pagar y la mujer me dice:
"No credit. C.A.S.H. O.N.L.Y"
ES decir: no es que nos dijo en tono normal y vocalización normal: "Sorry, no cards, cahs only". No: la mujer nos miró a los ojos, y a la vez que hacía seña con sus manos para ejemplificar lo que decía (movimiento de índice de izquierda a derecha para indicar NO, raspado de índice con pulgar en movimientos rápidos para indicar dinero, etc), con su bocaza nos decía las dos palabras lentamente, y vocalizándolas como si fuéramos sordas y debiéramos leerle los labios.
Claro: evidentemente le caímos como dos gringas, recién bajadas del avión. Con apenas decirle "Large Cappuchino and a Hot Chocolate" la mujer asumió que nuestro dominio del inglés era, con suerte, escaso.
"C-A-S-H O-N-L-Y" nos decía, señalando nuestra billetera y haciendo la señal internacional del dinero.
Con Patri nos miramos. Fue un instante y estallamos en carcajada.
Así que ya ven, habrán pasado treinta años, iremos a tomar café y les puedo asegurar que la historia podría repetirse: El acento lo llevamos como una marca registrada, como decía Rodrigo, que en paz descanse...
C.A.S.H O.N.L.Y. quedó para el anecdotario, y es nuestro saludo habitual con Patri. De ahora en más.

05 febrero 2008

Narcotizados ante las noticias

Estoy abombada de tanta bomba. En una época, un ataque suicida era seguramente en Israel, desgraciadamente. El mundo no sabía, no entendía cabalmente lo que un hombre-bomba significaba. Después vino el 11 de Septiembre y la idea de terroristas convertidos en bombas, o autobombas (o aviones-bombas) comenzó a hacerse palpable en la mente de la humanidad. Sí: los atentados suicidas existen. Y Sí: son inesperados y la víctima puede ser cualquiera. Alguien que se levantó para ir a trabajar, alguien que pasaba por ahí, alguien que volvía del colegio, alguien que estaba comprando cigarrillos o esperando el colectivo. Alguien. Cualquiera.
Ayer estaba mirando el noticiero de SBS (canal local de aire) y mi mente no lograba reaccionar ante la información que captaban mis oídos, entraba por mis ojos y catalogaba mi cerebro: Pakistán, Iraq, Israel, sacudidos por ataques suicidas. La cadena era interminable y lo que me generó aún más espanto es la falta de él: ¿no estaremos acostumbrándonos a ello? Por un momento me espanté pero ante la repetición del acto (distintos escenarios geográficos, pero la locura es la misma), ante la repetición, decía, quedé anestesiada y mi hermoso espanto se convirtió en nube y después en nada. "Total no nos pasa a nosotros, no?"... Australia es un país relativamente seguro... eso dicen. (Hasta ahora). Coincidió todo esto justo con el primer día de clases. La entrada al colegio judío de mis hijos no está vallada con los pilotes a que nos forzó el atentado a la AMIA. Tampoco hay gran despliegue de seguridad. La prevención es mínima, espero que sea porque es proporcional al riesgo. Por el amor de dios, que alguien pare esta locura: que nunca dejemos de espantarnos ante la noticia de que en alguna parte del mundo alguien, por la acción delirante y fanática de un lunático terrorista suicida, perdió la vida. El caso de las dos mujeres con discapacidad intelectual utilizadas como enviadas suicidas ha llegado a convencerme de que la perversidad humana todavía está en pañales. Mientras tanto la vida sigue, el noticiero terminó y yo preparé las viandas y el uniforme para el primer día de clases. Como dice Susanita (la de Mafalda): "decí vos también tu qué barbaridad y listo"...
Claro que el que conoce a Susanita entiende que a través de ella Quino critica la indiferencia de la humanidad frente a las desgracias colectivas. Así que no digamos qué barbaridad, ni qué terrible, ni qué tragedia. Eso no conduce a nada. Obviamente tampoco conduce a nada apagar el televisor y hacer las viandas para el día siguiente. Así que aún estoy pensando, algo se me va a ocurrir. No me creo capaz de detener un atentado suicida pero sí me siento en la necesidad de obligar a mi cerebro a pensar en un principio de acción. Un principio, eso es todo. Que el próximo atentado suicida no me encuentre frente al televisor con mi qué barbaridad y mi qué calamidad vacíos de acción. Y, antes de inventar la rueda, me voy a fijar qué existe ya al respecto. En Australia, en Madrid, en Liniers o en Estambul. Alguien ayer, frente a las noticias, tiene que haber sentido lo mismo que yo.
¿O no?

29 enero 2008

Gracias por la fauna

Pinguinos
Ciervos
Pelícanos
Vacas
Ovejas
Erizos
Conejos
Gaviotas
Unos pájaros exóticos de los cuales no sé su nombre
kookabura (el pájaro que ríe)
Cisnes
Wallabies
y por supuesto canguros

Todo eso vi la semana en la isla, en distintos ámbitos, sueltos, y sin pagar entrada. Voy a comprar leche y veo un cervatillo. Voy a mandar un mail y ahí se me cruza un erizo (el famoso puerco-espín). Como dice mi amiga Patri, al ver cuánto se divertían nuestros hijos barrenando las olas: "... y pensar que es gratis, no tenés que andar poniendo una monedita para que venga cada ola!!"...
Australia: ¡a tu salud! Gracias por la fauna (en la flora no soy tan experta).

24 enero 2008

Vacaciones en la isla

Disculpen la momentanea ausencia. Estoy de vacaciones. En una isla. Chica, tranquila, a hora y media de Melbourne. Playa, caminatas, un poco de siesta, pizza, arena hasta en los oidos y sandwich de queso con tomate. Cualquiera diria que estamos en Miramar. Pero no: como dice Rub'en, que es de la banda, "nos faltan las facturas". Y el barquillero, diria yo (ahi delato mi edad, jeje). El mate esta vez lo deje en Melbourne, ya que me negue a llenar el baul de la Rav con adimentos de ultimo momento. Y, para mi sorpresa, tampoco traje taanta ropa. Que es una semana, nom'as. Y, por sobre todas las cosas, es Australia. O sea: relajate y disfruta. No importa si tenes la mejor bikini. Pero si la mejor tabla de surf, porque eso te permite barrenar mejor las olas, y las mas altas. No importa si tenes las ojatas ultra thin de Havaianas (las metalizadas, obviamente). Pero si importa que tengas un buen calzado, de varios cientos tal vez, para no reventarte los pies con el ripio o lo que fuere que hay al fondo del mar. No importa si tenes unos rollos por ahi, por alla, o en toda tu humanidad: pero asegurate de tener un buen protector solar y cubrirte entero porque si no las consecuencias pueden ser fatales (Australia tiene el indice mas alto de cancer de piel del mundo). Entonces vos vas a la playa y no tenes ciento veinticinco millones de ojos clavados en tu espalda mientras te sacas el short (o el pareo, o lo que fuere que sea el ultimo grito de la moda dictado por ... Pancho Dotto?... o ahi tambien delato mi edad?). No. Vos vas a la playa -gorda, flaca, mediana, excedida, rellenita, escualida, mastodonte o escarbadiente- y sos, con todo el sentido que esto implica: libre y feliz. Vas a ver las mejores carpas, el mejor calzado (mejor en cuanto a resistente, antitranspirante, antibacterial, no en cuanto a que tiene una o dos tiras en la parte izquierda superior de color caqui, que hacen juego con la cabeza del que los diseño), vas a ver los mejores trajes de neopren, el protector solar mas efectivo. Claro que todo lo mencionado es tambien costoso, y muy. Pero no es caro. Costoso si: cuesta muchos dolares adquirirlo. Caro no: su utilidad justifica -de verdad- el precio pagado.
Asi que aqui estan, en mi placard de la isla, mis bikinis mas osadas, mis prendas mas "in"... que me harian quedar super "out" si las usara. Nobody cares. Por eso sos libre. Y feliz. Bueno, casi: siguen faltando las facturas.
Hasta la vuelta.
*perdon pero no logro encontrar los acentos en el teclado de la isla. Se ve que tampoco importan... a l'a Gabo...

18 enero 2008

Fotos del Australian





Son las dos y cuarto de la mañana y no creo poder pegar un ojo hoy: acaba de terminar el partido entre Rodick y Kohlschreiber y fue un espectáculo futurista. Si lo han visto entenderán de qué hablo: un tenis de primerísima calidad, Rodick convirtió nada más ni nada menos que 42 Aces!! Y el alemán no se quedó atrás, con 32. Pero no fueron sólo los Aces sino la precisión, la velocidad, la confianza, la estrategia. Una combinación de perfecto estado físico, control mental, eximia visión, rapidez de reacción y destreza en los movimientos. Nunca el tenis vio algo así. Potente y arrollador.


Pero bueno, aquí van las fotitos que prometí. Son amateur pero espero transmitan un poco de la emoción que se siente al tener a pocos metros a un famoso de verdad (y por todos los buenos motivos).

17 enero 2008

Hablar siete idiomas... quién pudiera...

Un encuentro en la oficina: él le cuenta a ella que tiene un problema enorme: está a punto de empezar una reunión de negocios importantísima con gente de siete países diferentes y su intérprete no ha venido. La empleada, solícita, se ofrece a ayudarlo. "Yo puedo hacer ese trabajo", le dice... Véanlo, no tiene desperdicio.

Cariños y me voy a dormir. El Australian Open estuvo genial, me enamoré de todos los jugadores y saqué unas fotos deliciosas de las hermanas Williams que trataré de subir mañana. Disfruten del video.

16 enero 2008

La reconciliación

Hoy me vuelven los colores, sí señor. Después del episodio de la pareja de argentinos que me dio la lata con los chacinados (¿o eran embutidos?) y mi desilusión, aquí estoy de nuevo con mi corazón latiendo en castellano y en celeste y blanco. Todo gracias al deporte. El Australian Open es pasión por aquí durante dos intensísimas semanas y la tele en mi casa no deja de mostrar los partidos. Veo de todo: serbios contra rusos, australianos contra japoneses, austríacos contra croatas, todo vale y es, generalmente, de primerísima calidad. Pero cuando realmente mis fichas se ponen en juego es cuando juega un argentino. Ayer debutó Diego Hartfield contra -nada más ni nada menos- Roger Federer. Me pregunto cómo habrá reaccionado cuando se enteró de que le tocó en suerte, en su primer partido de este torneo, jugar contra quien no solamente es número uno del mundo sino que, además, lleva ganados 12 grand slams y viene defendiendo su ranking de número uno desde febrero de 2004. Un récord. Una máquina. Y ahí le tocó, por puro azar nomás, al tal Diego Hartfield, argentino de marca y nacimiento, enfrentar al invencible en el primer partido de un torneo por eliminación simple por el cual, como su nombre lo indica, el que pierde vuelve a casa. Así que desde el living de casa, mientras alguien decía "pobre Diego, habrá estado a las puteadas cuando vio que le tocó contra Federer"... yo pensaba que tal vez no, que quizás en un arranque de autocompasión y lucidez Diego Hartfield pensó: "qué suerte la mía de poder jugar contra Federer. La leyenda". Sea como sea (ah, sí, perdió Diego, pero dignamente y con fervor) sea como sea, decía, de mi placard brotaron todas mis remeras de Argentina, esas que si vivís allá no te ponés ni loco, y ya me estoy eligiendo el vestuario para cuando vaya mañana al Road Laver Arena a mirar. Búsquenme en la tribuna: voy a estar de remera blanca, gorra escarapela, mirando a alguno de los tres argentinos que todavía siguen en carrera, gritando "vamos todavía carajo!!". En perfecto español.

13 enero 2008

¿Cuánto en realidad nos une nuestra lengua madre?

Me estoy repreguntando si mi lengua madre es realmente un lazo que me une a mis "co-parlantes" (qué buena palabra, no?) tan poderosamente como yo pensaba. Será que ya han pasado cautro años y medio de nuestra llegada a Australia, o será que la elevé a categoría de "religión" cuando es en realidad sólo un instrumento de comunicación - lo cierto es que una vivencia que tuve el otro día en un shopping me hizo cuestionarme eso del castellano y los hispanoparlantes y la unión verdadera:
Estaba con Constanza, Jeremías y Henry en el Target del Malvern Central (un shopping chico) cuando de repente pasa una pareja hablando del precio de las sábanas en castellano. Yo, a su vez, hablaba con los chicos del precio de los Nintendo DS lite. En castellano. Cual perros, a ambas partes se nos pararon las orejas al escuchar las palabras tan familiares, la cadencia, el acento de la lengua madre en común. Al cruzarnos cara a cara, y tras un brevísimo intercambio de miradas de "compinchismo", nos dijimos hola, hola, en perfecto español y el hombre fue más allá y dijo feliz año y yo gracias y ahí nos quedamos varados, sin avanzar. En vez de seguir cada uno por su lado la lengua madre nos hermanó por unos minutos, y nos enfrascó en una charla amena... amena por unos minutos, porque luego del intercambio de rigor (de dónde exactamente son, cuánto hace que están, les gusta, extrañan) y cuando yo sentía que se había agotado mi interés ellos no movían las piernitas del lugar, y continuaban la charla como si fuéramos grandes amigos reencontrándonos después de muchos años. A toda costa el señor -con la mejor intención, reconozco- me quería contar en dónde podía conseguir chinchulines, morcilla, chorizo colorado y matambre. Dedicó unos diez o doce minutos a contarme todos los prodcutos argentinos que acá logra adquirir, con especial insistencia en los embutidos. Se esforzaba en explicarme cómo llegar a una carnicería que está como a cincuenta minutos de mi casa. Dijo que espere, que iba al auto (tres pisos más abajo) porque tenía una tarjeta de la carnicería con la dirección y me la quería dar. Mientras yo, que fui vegetariana un par de años, tengo un interés nulo en los embutidos, y por sobre todo jamás viajaría cincuenta minutos para comprar básicos diarios, trataba deseperadamente de terminar amablemente la conversación, me preguntaba a su vez cómo cuernos fue que terminé dedicándole casi veinte minutos de mi tiempo a dos perfectos desconocidos que nunca más volveré a ver. Fue como si el hecho de hablar la misma lengua nos haya obligado a decirnos cosas. Me hizo plantearme la pregunta de con quién tengo más en común: ¿con un argentino de Misiones, por el hecho de que los dos hablamos castellano, o, por ejemplo, con un judío de Nueva York? ¿Con alguien de profesión actor, o pianista, o cartógrafo, de Capital Federal o con un escritor de Australia, o una maestra de hebreo de Canadá?
Me quedé esperando al argentino y su tarjeta de la carnicería por pura cortesía. Jamás me la trajo. ¡¡AY, mi lengua madre!!